ISSN-L: 1698-6989
DOI: 10.33231/ihe

Princeton & Oxford, Princeton University Press, 2025, 490 pp. ISBN: 978-06-91273-35-8
El estudio de la gente común en la antigua Roma no constituye un tema historiográfico novedoso. Sin embargo, el libro que aquí se presenta sí puede considerarse el primer trabajo que aborda este colectivo desde una perspectiva económica. Este análisis ha sido posible gracias a nuevos datos arqueológicos y a los estudios interdisciplinares derivados de ellos, pero también a la novedosa información aportada por la documentación papirológica y los ostraca de Egipto y por las tablillas de Britannia.
El objetivo de este libro es muy claro: analizar las prácticas económicas de la gente común, de esas personas que no han figurado en los libros sobre la historia económica de la antigua Roma si no era para confirmar lo que se sabía sobre la elite dirigente. Resulta, por tanto, necesario aclarar quiénes integraron ese 90% de la población a los que se refiere el subtítulo del libro. Este porcentaje no es más que una estimación demográfica; lo determinante son los requisitos que permiten formar parte de ese grupo. Frente a las categorías de tipo jurídico, social o económico empleadas tradicionalmente a la hora de clasificar a la población romana, K. Bowes opta por una clasificación no basada en esas categorías analíticas, sino en las prácticas económicas: las de aquellos que necesitaban trabajar para sobrevivir sin tener en cuenta su condición jurídica, su procedencia social o su nivel económico. Ellos son los protagonistas de este libro.
Junto al objeto de estudio es pertinente delimitar el marco cronológico y el espacio en el que se enmarca este trabajo. El período de análisis se circunscribe a la época altoimperial o Principado, en líneas generales desde el siglo i hasta mediados del siglo iii d.C., aunque ello no impide que se recurra a algunos datos de finales de esa última centuria. En principio, el marco geográfico es el conjunto de los territorios imperiales, aunque son los territorios de Italia, Egipto, Britannia, y, en menor medida, la parte central de la antigua Galia y algunas zonas de las provincias germanas las que aparecen de forma recurrente y sistemática a lo largo de estas páginas. Aunque esta selección tiene como base la disponibilidad de datos sobre el objeto de estudio de este libro, se echan en falta la inclusión del norte de África y de la Bética, territorios que también han deparado una abundante información que podría haber sido empleada en este estudio.
En este libro, Kim Bowes reescribe los estudios de historia económica de la antigua Roma al poner el acento en las prácticas económicas de una población que tradicionalmente había quedado relegada a un segundo plano. Frente a los planteamientos tradicionales, basados en los indicadores macroeconómicos asociados al Estado y a la clase dirigente, la autora se centra en el microcosmos económico de la mayoría de la población, con una atención especial a los agricultores, que representan la mayoría dentro de esa mayoría. Esta decisión no implica, sin embargo, la renuncia a los datos ni a los indicadores económicos. Estos aparecen recogidos en los índices y tablas de la parte final (apéndices 1-5, pp. 315-354). No obstante, no estamos ante un estudio basado en las cifras ni en los índices, ya que estos, como se puede comprobar a lo largo de la obra y en los mencionados apéndices, resultan insuficientes y discontinuos para la elaboración de un análisis sistemático. Por ello, Bowes ha optado por examinar determinadas prácticas económicas de algunos sectores de ese 90% en aquellos territorios donde la documentación resulta lo suficientemente abundante y significativa y extrapolarlos al conjunto de la población, aunque sin perder nunca de vista las variantes regionales. No cabe duda de que los críticos encontrarán en este método el talón de Aquiles de la obra.
Este libro supone una ruptura y el cuestionamiento de muchos de los paradigmas de los estudios de economía de la antigua Roma, representados fundamentalmente por los trabajos de M. I. Finley y epígonos. Así, frente a la imagen de una economía autárquica y de subsistencia en la que la mayoría de la población romana se situaba al borde de la desnutrición, la autora demuestra que esas gentes disponían de recursos que les permitieron acceder a una mayor cantidad y variedad de alimentos y que, incluso, tuvieron acceso a los bienes de consumo. Dichos recursos fueron el resultado de unos rendimientos agrícolas más elevados y, consecuentemente, de unos excedentes que fueron posibles gracias a una serie de estrategias de producción (capítulos 1 y 3), así como de prácticas económicas que hasta ahora no se habían vinculado a esa mayoría de la población, demostrando así que una parte de la misma fue capaz de gestionar su vida financiera (capítulo 1).
Así pues, un sector importante de ese 90% se situó por encima del umbral de la subsistencia lo que le permitió convertirse en consumidores activos de productos de primera necesidad en mayor cantidad y de mejor calidad, pero también de bienes en un sistema que incentivaba esa práctica a través de una producción a bajo coste y del valor del consumo como un elemento de inclusión social (capítulo 2). Esto no implicó, empero, que esa gente trabajadora viviera de forma desahogada, pues, si bien existieron diferencias en cuanto al nivel de riqueza en sus filas, la mayoría vivió al límite de sus posibilidades, ya que a los costes de la producción agrícola había que sumar los gastos derivados del arrendamiento de tierras, una práctica que se ha desvelado de gran utilidad para la economía de este colectivo, así como el pago de impuestos exigidos por las autoridades. Todo ello demuestra que la realidad económica de los agricultores romanos se presenta mucho más compleja de lo que hasta ahora se había venido considerando (capítulo 3). Y es que, paradójicamente, este mismo sistema que propiciaba el consumo mediante una producción a bajo coste abocó a esa población al desempeño de diferentes actividades para cubrir sus necesidades básicas y las no básicas e hizo del sistema asalariado un instrumento complementario para la supervivencia de esas familias (capítulo 4). La existencia de intercambios comerciales a pequeña escala en el mundo extraurbano ha demostrado ser más amplia y compleja de lo que se había venido considerando y en ellos intervinieron la moneda y otros elementos que sirvieron de instrumentos en dichas transacciones. En este sistema, el recurso al crédito se convirtió en un mecanismo clave en las prácticas económicas de la población romana bajo muy diversas modalidades, lo que refleja una realidad económica bastante más compleja de lo que se había pensado (capítulo 5). El recurso a esta práctica parece responder a una coyuntura específica del mundo romano en esta materia, en la que los intereses aplicados y las exigencias de los acreedores estaban muy alejadas de los usos de otros tiempos y sociedades. Resulta muy interesante al respecto el destino de la mayoría de esos préstamos que, como demuestra la autora, no parecen haber estado relacionados con los momentos de dificultades económicas asociadas al mundo agrícola, sino que parecen haberse empleados con fines productivos y consuntivos, desmontando una vez más esa concepción de los agricultores romanos como un colectivo endeudado por una agricultura de subsistencia.
En ningún caso, la situación aquí descrita significa que las condiciones de vida de la población trabajadora fueran holgadas. De hecho, y como trata de demostrar K. Bowes, habrían sido los mismos cambios asociados al desarrollo de esa economía mediterránea vinculada a Roma los que trajeron consigo un empeoramiento de las condiciones de vida de la «clase» trabajadora que derivó no solo en la necesidad de recurrir a toda una serie de estrategias para salir adelante, sino que tuvo sus consecuencias en la salud y la esperanza de vida de esas gentes (capítulo 6).
Este breve recorrido resulta suficiente para demostrar el valor e interés que representa este volumen en los estudios sobre la historia económica de la antigua Roma. Estamos convencidos de que Surviving Rome va a convertirse en un referente en la materia y no creemos equivocarnos al afirmar que es un firme candidato para ser publicado en una editorial española.