ISSN-L: 1698-6989
DOI: 10.33231/ihe

México, El Colegio de México, 2024, 395 pp. ISBN 978-60-756-4600-8
Los historiadores económicos llevamos décadas enseñando la historia de la globalización con una cronología relativamente familiar. Primero vino la gran expansión comercial del siglo xix; después la ruptura provocada por las guerras mundiales y la Gran Depresión; más tarde la reconstrucción de Bretton Woods; finalmente, la globalización neoliberal y el ascenso de China. Cambian los matices, pero el esquema suele ser reconocible. El mérito principal de la Historia mínima de la globalización moderna y contemporánea de Carlos Marichal consiste precisamente en tomar esa narración conocida y desplazarla ligeramente de su eje. El resultado no es una revolución historiográfica, pero sí algo quizá más útil: una saludable incomodidad intelectual.
El libro forma parte de la excelente colección de Historias Mínimas de El Colegio de México y tiene una virtud cada vez más escasa: consigue combinar síntesis, claridad expositiva y ambición interpretativa. En poco menos de cuatrocientas páginas, Marichal recorre dos siglos de historia mundial, desde el despegue de la globalización moderna a mediados del siglo xix hasta las incertidumbres abiertas por la pandemia y la emergencia climática.
A primera vista, el lector europeo encontrará numerosos elementos familiares. El comercio, los movimientos internacionales de capital, las migraciones, las revoluciones tecnológicas y los cambios institucionales ocupan el centro de la explicación. Marichal comparte con buena parte de la historia económica contemporánea la idea de que la globalización debe estudiarse como un proceso de integración creciente de mercados de bienes, capital y trabajo. También concede un papel fundamental a las revoluciones en los transportes, las comunicaciones y las finanzas.
Sin embargo, conforme avanza la lectura, resulta evidente que el autor no pretende simplemente resumir la literatura anglosajona más influyente. Su objetivo es más ambicioso: reconstruir la historia de la globalización desde una perspectiva genuinamente global y, sobre todo, menos eurocéntrica.
La primera muestra aparece ya en los capítulos dedicados al siglo xix. Marichal acepta la importancia de la expansión comercial y financiera previa a 1914, pero insiste en que la llamada primera globalización fue inseparable del imperialismo. Esta decisión no es menor. Mientras buena parte de la literatura económica reciente ha tendido a concentrarse en la convergencia de precios, los costes de transporte o los flujos comerciales, Marichal recuerda que la integración mundial también estuvo organizada por relaciones de poder profundamente asimétricas. El capítulo titulado significativamente «Globalización e imperialismo, 1873-1914» constituye una invitación a reincorporar la política y el poder a una historia económica que a veces parece demasiado cómoda entre series estadísticas.
No obstante, la aportación más original del libro aparece probablemente en los capítulos dedicados al período 1914-1980. Aquí Marichal se distancia de la narrativa convencional que describe el período de entreguerras simplemente como una época de desglobalización. Sin negar la fragmentación económica provocada por las guerras y la Gran Depresión, el autor muestra que el mundo siguió estando intensamente conectado, aunque a través de nuevas formas de internacionalización política e ideológica. Comunismo, fascismo, nacionalismos anticoloniales y movimientos revolucionarios aparecen como fenómenos globales que transformaron el siglo xx tanto como los mercados.
Todavía más sugerente resulta su interpretación de la posguerra. Frente a la visión habitual centrada en Bretton Woods, Estados Unidos y Europa occidental, Marichal propone entender el período 1945-1980 como una «globalización tripolar» articulada alrededor de tres proyectos históricos simultáneos: capitalismo, comunismo y anticolonialismo. El lector europeo descubrirá aquí uno de los grandes valores del libro. India, China, Egipto, Argelia, México o Brasil dejan de aparecer como escenarios secundarios de una historia escrita desde Washington o Londres y pasan a ocupar el centro del relato.
Esta ampliación del foco constituye probablemente la principal contribución historiográfica de la obra. Marichal no pretende sustituir una visión occidental por otra periférica. Más bien invita a contemplar la globalización desde una geografía más amplia, donde América Latina, Asia y África dejan de ser simples receptoras de procesos generados en el Atlántico Norte.
Los capítulos finales, dedicados a la globalización neoliberal y a las crisis del siglo xxi, mantienen esta perspectiva. El ascenso de China ocupa un lugar tan importante como la revolución financiera o la revolución digital. Del mismo modo, la crisis de 2008, las migraciones, la desigualdad, la pandemia o el cambio climático son analizados como manifestaciones de las contradicciones inherentes a una economía mundial cada vez más integrada.
Quizá algunos lectores echen en falta una conclusión más contundente. Marichal identifica con precisión los grandes desafíos contemporáneos, pero evita formular una tesis normativa fuerte sobre el futuro de la globalización o sobre los límites del capitalismo global. Su actitud es más la del historiador que la del polemista. Puede que ello deje abiertas algunas preguntas, pero también constituye una de las fortalezas del libro: la prudencia analítica suele envejecer mejor que las grandes profecías.
En definitiva, esta Historia mínima de la globalización moderna y contemporánea ofrece mucho más que una introducción. Para el historiador económico europeo representa una excelente oportunidad para escapar, aunque sea temporalmente, de la cómoda centralidad del Atlántico Norte. Y en tiempos en los que la palabra «globalización» se utiliza con frecuencia para describir cualquier fenómeno contemporáneo, no es poca cosa encontrarse con un libro que nos recuerda que la historia mundial siempre ha sido más amplia, más compleja y bastante menos europea de lo que a menudo imaginamos.