Vol. 22, num. 1 (February 2026). Special issue: Gender in economic history

ISSN-L: 1698-6989

DOI: 10.33231/ihe

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Francisco Hidalgo Fernández y José A. Nieto Sánchez (Coord.). Artesanos. Una historia social en España (siglos XVI-XIX).

Elena Catalán Martínez

Artesanos es una obra coral que se suma a las labores de «rescate» de la figura del artesano llevada a cabo por la historiografía europea y española en las últimas décadas. Desde la introducción, los editores reivindican la identidad artesana, caracterizada por la cualificación profesional, el dominio del oficio y la autosuficiencia laboral, enfatizando su valoración en el contexto socioeconómico histórico y no bajo los parámetros de eficiencia capitalista. Los doce capítulos que componen la obra exploran, desde un enfoque multidisciplinar y dinámico, el trabajo preindustrial, superando las tradicionales limitaciones cronológicas, conceptuales y de género que tan habitualmente limitan el análisis histórico.
La obra comienza con una sugerente propuesta conceptual de Francisco Hidalgo que revisa historiográficamente los conceptos de peligro, riesgo e incertidumbre desde un dialogo entre la Historia Social y la Sociología. El análisis de las trayectorias vitales de algunos artesanos le lleva a afirmar que, en cada toma de decisiones, estos asumían riesgos propios de un contexto de incertidumbre, constantemente amenazado por un futuro oscuro e incierto. Quizá por ello, los artesanos fueron capaces adaptarse a las circunstancias, de hacer y de organizar el conocimiento para poder avanzar, tal y como muestra el capítulo de Antonio Sánchez. Este, siguiendo las teorías del filósofo de la ciencia Edgar Zilsel, relaciona la tradición artesanal con el surgimiento de la ciencia moderna, argumentando que la institucionalización y regulación de los oficios relacionados con el mar fomentaron una cultura oceánica que modeló el mundo moderno, constituyendo un caso de transformación social de la ciencia liderado por artesanos.
Los siguientes capítulos están dedicados a analizar la organización del trabajo artesanal desde diferentes perspectivas. Ricardo Franch y Daniel Muñoz estudian la evolución de la estructura gremial de la ciudad de Valencia a través de dos recuentos fiscales inéditos de 1714 y 1812, complementados por los padrones municipales. Concluyen que el número de gremios en la ciudad se mantuvo estable durante el siglo xviii, observándose una progresiva especialización sedera alentada por la monarquía. La fortaleza del gremio de los velluters (sederos) provocó una fuerte endogamia profesional y la práctica desaparición de la manufactura rural, cuyos artesanos acabaron trabajando por encargo a su servicio. La autorización de importación de seda extranjera en 1784 y la supresión de las organizaciones gremiales por las Cortes de Cádiz supusieron el declive del sector con el consiguiente empobrecimiento y proletarización de los menestrales. Paula González Fons aborda acceso a este gremio, aportando una valiosa información sobre el colectivo de los aprendices. Estos eran el grupo más numeroso y versátil en los gremios ya que para muchos jóvenes constituía una opción inmejorable de ganarse la vida, especialmente en épocas de crisis, sin que necesariamente quisieran llegar alcanzar la oficialía. Para el gremio, los aprendices eran mano de obra barata y poco conflictiva con la que reemplazar a los oficiales en épocas de dificultad. Los aprendices del sector sedero también protagonizan el capítulo firmado por Yoshiko Yamamichi, Àngels Solà y Joana-Maria Pujadas-Mora en el que se plantean cuestiones esenciales como la movilidad geográfica, la posición social, procedencia y vías de acceso al oficio o las dificultades para llegar a la maestría. Los autores comparan el gremio con una escuela técnica descentralizada, cuyo objetivo no era alcanzar la maestría sino la posibilidad de llegar a ser expertos en un sector textil en plena transformación. La cuestión de la formación se completa con el trabajo de Jesús Agua quien examina el papel de los centros asistenciales en la formación de jóvenes sin recursos en Madrid. Por una parte, los gremios los acogían en sus talleres para formarles, pudiendo incluso habilitarse como oficiales. Pero, por otra parte, los fabricantes utilizaban a huérfanos y expósitos como mano de obra gratuita, sin que tuvieran ninguna opción a promocionarse. Para finalizar este bloque, Alberto Morán ofrece el necesario contrapunto del trabajo artesanal en una pequeña ciudad como Oviedo, en un intento de superar la visión de la historiografía tradicional sobre las ciudades insertas en entornos muy ruralizados.
En una obra sobre artesanos no podía faltar el microcosmos generado en torno a la Corte donde se confeccionaba todo aquello que necesitaba el monarca y su familia. Para cubrir esta demanda contaban con un número determinado de artesanos con nómina fija que son analizados por Álvaro Romero a través de una fuente poco conocida, la media anata de mercedes (mitad del salario líquido del primer año). Esta no dejaba de ser un mecanismo elitista para restringir el acceso a un puesto de trabajo que llevaba implícitos una serie de privilegios, fuertemente jerarquizados en función de la cercanía al rey y su familia. Estos privilegios se complementaban con un ingreso monetario fijo en el tiempo y otro variable, que fluctuaba en función de la demanda suntuaria de la monarquía y su capacidad de gasto. No obstante, tal y como indica Sandra Antúnez en su análisis del sector de la confección en la Corte desde finales del siglo xviii, este cuerpo de artesanos era incapaz de cubrir por sí solo las necesidades de trabajo, siendo necesario recurrir al mercado secundario, subcontratando personal según las necesidades. Esta situación originó profundas desigualdades en el ámbito laboral entre los que trabajaban «en» palacio y los que trabajaban «para» palacio.
El libro incluye la perspectiva de género a través de una retrospectiva historiográfica realizada por Victoria López Barahona. La participación femenina en gremios, talleres y comercios fue habitual en la Edad Media, como evidencian los contratos de aprendizaje de la época. Sin embargo, desde el siglo xvi, el predominio del modelo patriarcal relegó a las mujeres al ámbito doméstico, excluyéndolas de los gremios como miembros de pleno derecho. No obstante, siguieron desempeñando un papel productivo esencial a través de sus dotes y, sobre todo, como trabajadoras autónomas o jornaleras. Este aspecto fue especialmente relevante en el siglo xviii ante la necesidad de abaratar y ampliar la producción.
Los capítulos finales examinan a los artesanos como agentes de cambio en la Edad Moderna y durante la transición al capitalismo. José Antolín Nieto sostiene que, desde el siglo xvi, existía una identidad artesana con su propia lógica y un cierto grado de cohesión, donde la asociación y el conflicto eran elementos fundamentales. En línea con esto, Juanjo Romero y Brendan von Briesen analizan la capacidad de negociadora de los gremios para regular el mercado laboral y controlar los modos de producción. La creación de corporaciones propias de oficiales destinadas a defender los intereses del sector asalariado configuró el carácter dual del mercado de trabajo, característica que perduró hasta bien avanzada la industrialización.
Artesanos. Una historia social en España (siglos xvi-xix) consigue superar ampliamente las rígidas interpretaciones del mundo artesanal, ofreciendo una visión dinámica y abriendo unas perspectivas de investigación en la Historia Social y Económica de España en el periodo preindustrial. Indudablemente, esta obra se perfila como un referente esencial para el estudio de la Edad Moderna. Su enfoque multidisciplinar y riguroso la sitúa como una herramienta imprescindible para investigadores y estudiantes interesados en este periodo histórico.