Vol. 22, núm. 2 (june, 2026)

ISSN-L: 1698-6989

DOI: 10.33231/ihe

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Carlos Arenas Posada. El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas

Margarita Vilar Rodríguez

SEVILLA, Editorial El Paseo, 2025, 388 PP. ISBN 978-84-19188-74-8

La obra objeto de esta reseña aborda la ingente tarea de analizar la historia económica, social y política de España desde la conquista de Al Andalus hasta la actualidad con un enfoque desde las cúpulas del poder. Así, las elites, el capital y la desigualdad se convierten en un trípode omnipresente en cada etapa histórica. Pero lejos de lo que pueda parecer, no se trata de una historia de las élites sino de nuestra historia porque las decisiones tomadas en los círculos del poder han tenido repercusiones en el conjunto de la sociedad tanto en el siglo xv como en el siglo xxi. Y así queda reflejado también en los diversos pasajes del libro. Aquí está la fortaleza de su hilo conductor sostenido en un proceso continuo, protagonizado por elites oligárquicas a la captura del Estado a través de múltiples fórmulas con un propósito claro «¿qué hay de lo mío?»; mientras el interés común y el bienestar colectivo permanecen en un segundo plano. El amplio periodo analizado obliga al autor a una gran capacidad de síntesis, pero sin renunciar cuando es preciso al detalle de los datos y a la reflexión crítica. El libro no contiene tablas o gráficos que sostienen los argumentos, pero aporta datos que, con precisión quirúrgica, permiten entender los pasajes aparentemente más complejos a personas no especialistas en la materia.
El libro se divide en seis grandes bloques. El primer bloque se centra en la conquista de Al Andalus y la construcción del Estado. Aquí se analiza cómo el capitalismo se originó y se reforzó en el interior de las estructuras señoriales. Dentro de un proceso de economía de guerra y de colonización territorial, los monarcas consiguieron dinero para garantizar su trono y para financiar ejércitos a través de la concesión de medios de enriquecimiento y de recursos de poder a las elites. El segundo bloque analiza cómo las dinastías de Austrias y Borbones lograron mantenerse en el trono en un territorio muy diverso que no se quebró porque el Imperio ofrecía mecanismos extractivos suficientes a los estamentos privilegiados que garantizaron la estabilidad del sistema. Aquí se destaca como el reino de España actuó más como un Estado contratante que fabricante hasta bien entrado el siglo xvii a través de un sistema de asientos que tejía una red clientelar iniciada en la Corte y extendida por todo el territorio. El bloque tres arranca de la situación de bancarrota en España desde finales del siglo xviii, de la necesidad de las elites de buscar nuevas vías de negocio tras la progresiva pérdida del Imperio y del complejo proceso de construcción del Estado liberal, más continuista que rupturista con la etapa anterior. Aquí resultó clave el papel ejercido por la monarquía como epicentro de una red corrupta que medró política y económicamente desde el ecuador del siglo xix. Poder económico y poder político se confunden y bajo esta confusión se regula la actividad económica en aras de favorecer los intereses de una minoría con mentalidad rentista. Para el autor, el proyecto capitalista fue un coto cerrado de las elites. La diferencia entre el periodo isabelino y la Restauración borbónica analizada en el bloque cuatro radicaría en que, en el segundo periodo, el medro político siguió persiguiendo ambiciones individuales, pero disfrazadas de intereses corporativos. De este modo, el negocio de la deuda pública, la defensa a ultranza de aranceles frente a la falta de competitividad y el reparto oligárquico del mercado interior en un contexto de corrupción política siguieron definiendo la economía española. Más adelante, la dictadura de Primo de Rivera supuso otra versión de régimen puesto al servicio de las elites económicas, industriales y financieras. Este bloque acaba con el «paréntesis» de la Segunda República, donde se pone en evidencia el poder de los grupos oligárquicos frente a los aires de cambio, la fractura social entre estos grupos y el resto de la sociedad y la diversidad territorial del país.
La dictadura de Franco protagoniza el bloque cinco del libro. De esta parte resulta muy interesante la etapa desarrollista porque resalta tres hechos fundamentales. Su origen, fruto de una intervención externa y forzada del FMI, que respondió en gran medida a intereses foráneos en un marco de guerra fría. Sus resultados económicos se presentan hiperbolizados por una desastrosa etapa precedente de hambre y represión. Su falta de interés por introducir libertades, derechos básicos, cambios en la distribución o cambios en el modelo productivo no son baladí; lo que no cambió fue mucho, demasiado. Resulta curioso leer cómo cambiaron los pesos de las oligarquías y grupos de interés dentro de una larga dictadura de casi cuarenta años y como se consolidó el poder de la banca. Al final de esta etapa, un modelo productivo que había brillado con la garantía del Estado debía afrontar una dura crisis económica y una etapa de transición política.
El bloque VI analiza la transición y la democracia que el autor presenta como una etapa más continuista que rupturista desde el punto de vista oligárquico, ya que las mismas elites siguieron medrando ahora a costa del Estado democrático. La transición vino definida por la contención de los costes salariales y la liberación de un mercado de trabajo demasiado «rígido» heredado del franquismo. En paralelo, se rescató a la banca y se destinaron fondos para el saneamiento de empresas con problemas. Poco tiempo después, las elites empresariales se quedaron con las joyas de la corona del patrimonio público, algunas en sectores estratégicos. Todo este proceso fue consolidado por la filosofía neoliberal que demoniza la intervención del Estado en la economía de libre mercado, salvo cuando el Estado interviene para rescatar empresas, conceder subvenciones, privatizar servicios públicos o aprobar grandes contratos de obras públicas, entre otros. La misma hipocresía se repite para el caso del gasto público, donde se pervierte el significado de la palabra «austeridad». El libro termina con una llamada a la democracia, la de verdad.
En conjunto, hablamos de un libro que invita en cada etapa histórica a interpelar todo el rato con el presente, por eso es un libro que duele, porque de alguna manera desnuda nuestra historia y la pone ante un espejo crítico. Se podrá estar más o menos de acuerdo con algunos enfoques, pero invita a pensar y nos empuja a hacernos preguntas incómodas como, por ejemplo, el poder de la soberanía popular. Aun así, la obra deja claro que no es lo mismo dictadura que democracia y esto conviene tenerlo siempre presente. Dos comentarios finales críticos. Uno, se hubieran agradecido las notas a pie completas, aunque hubieran duplicado la longitud de un libro con una bibliografía a doble columna de ochenta páginas. Dos, el libro da la sensación de que «España es diferente» en todos estos procesos; pero igual no es así, falta contexto internacional. En definitiva, recomiendo su lectura tanto para el público en general como para lectores y lectoras de nuestro gremio y, sobre todo, para las generaciones más jóvenes que pueden también encontrar en él una fuente de ideas para futuras tesis doctorales.